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Sobre la satisfacción que genera la enseñanza

«Tu éxito es el mío»

Tu éxito es el mío

En este blog os hablaré de la satisfacción que genera la enseñanza, cuando un alumno aprueba un examen o saca una buena nota. Todas las personas que trabajamos en la enseñanza de alguna materia seguramente conocemos estos momentos de placer interno, cuando nos enteramos de que un alumno ha cosechado un éxito en sus estudios.

Da igual si se trata de la profesora de autoescuela cuya alumna por fin haya aprobado el examen de conducir, del profesor de piano que se alegra del maravilloso concierto de uno de sus pupilos o del éxito de haber sido aceptado en el conservatorio. Puede ser la profesora de baile o de arte dramático que comparta un logro mayor de un alumno o una alumna. Ejemplos hay montones.

Si me atrevo a decir: Tu éxito es el mío, no es porque me quiero colgar la medalla. Los logros son siempre del alumno, y los profesores ponemos nuestro conocimiento a disposición para que nuestros alumnos puedan conseguir estos objetivos. No obstante, no deja de ser cierto que el éxito logrado de un alumno produce una felicidad enorme también en el/la profesor/a.

satisfacción en la ensenanza

Esta felicidad tiene básicamente dos componentes:

  • 1º. Sentir la satisfacción del alumno plasmada en uno mismo.
  • 2º. Compartir la alegría con el alumno con el cual has trabajado duro para conseguir este objetivo.

Es realmente una sensación muy reconfortante.

El segundo componente está en la recapitulación del trabajo hecho. Como lo dice el dicho: El éxito no cae del cielo. Detrás de cada preparación seria hay un trabajo. Cuanto más exigente el nivel de la prueba, más preparación requiere, y no solo en cuanto a la materia en si, sino también en cuanto al enfoque didáctico, la enseñanza de consejos y pequeños trucos y de la preparación mental.

Muchas pruebas generan fácilmente agobio y estrés mental, sobre todo los exámenes orales y pruebas de audición. Otro ejemplo, son la recientes Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU).

La preparación para una prueba abarca en gran parte también estos aspectos de preparación mental.

Asistir y guiar a los alumnos en este proceso produce una sensación placentera – no solo en el/la estudiante por los objetivos conseguidos – sino también en nosotros, los profesores, los que nos dedicamos a impartir estos conocimientos.

Los profesores, no siempre trabajamos con alumnos que tengan los objetivos claros. Muy a menudo observamos a los alumnos perdidos entre tantas materias para estudiar y tantas cosas más que requieren la atención del día a día. Como profesor sientes que muchos no tienen muy claro para que les sirve estudiar una cosa u otra. Todos hemos pasado por estas sensaciones.

Además, todos tenemos nuestras destrezas y nuestras dificultades. A uno le cuesta más una cosa, mientras que a otra le resulta fácil y al revés. Precisamente por eso es tan motivador cuando ves que el alumno que lleva años peleando con una asignatura, sintiéndose ya un negado en la materia por fin saca no solo un aprobado, sino encima una nota media o incluso alta.

Es muy reconfortante sentir que este alumno se ve capaz de llegar a lo más alto en el futuro si sigue en este camino. Incluso un simple aprobado puede ser mucho para un alumno que lleva años en una dinámica de experiencias negativas.

Es muy reconfortante sentir que este alumno se ve capaz de llegar a lo más alto en el futuro si sigue en este camino. Incluso un simple aprobado puede ser mucho para un alumno que lleva años en una dinámica de experiencias negativas.

También están estos alumnos que por su carácter trabajador y su inteligencia, su perseverancia y dedicación llegan a los mejores resultados. Son los alumnos con los que todos los profesores soñamos impartir clases por lo bien que responden a cada estímulo didáctico. Suelen ser personas con los objetivos claros y/o aportan mucho interés por la materia.

El interés y la motivación son siempre los factores más fundamentales para aprender algo. Las personas con una inteligencia excepcionalmente alta suelen ser personas intrigadas de superar cualquier reto mental e intelectual. En estos casos, la superación será motivación suficiente, y probablemente la pierden cuando el nivel queda por debajo de sus posibilidades mentales.

Sin embargo, conseguir los objetivos académicos no es necesariamente una cuestión de inteligencia. Si fuera así, muchos de nosotros no habríamos llegado donde estamos en la vida con nuestro promedio de inteligencia común. La clave del éxito – y vuelvo a decir: la inmensa alegría que produce en los alumnos y de paso sus profesores – radica en la perseverancia y constancia y la capacidad de superar las adversidades que se plantean en el camino.

Estas adversidades solo en parte se deben a la complejidad de la materia. Muy a menudo se trata de complicaciones de la vida social y familiar, y factores muy a menudo psicológicos. Imagínate que comparto una habitación con hermanos pequeños que no me dejan estudiar tranquilamente, mi vida como madre soltera con hijos pequeños dificulta mis estudios, no quiero dejar del lado la vida en pareja o ignorar a mis amigos, la muerte reciente de un familiar o un animal de compañía me pesa u otros golpes bajos que nos puede dar la vida. También están los momentos de cansancio mental, de poca gana, que requieren un esfuerzo bestial de superación.

Como profesor de clases particulares me entero bien poco de estos factores en la vida de mis alumnos que tanto influyen en la disposición mental. Son pocos los alumnos que tienen la suficiente confianza para decirme francamente que han estado «un poco depre» últimamente. Todos sabemos que estos factores pueden anular la capacidad de estudio por completo.

Por este motivo, quiero dedicar un aplauso a todos aquellos valientes que vayan consiguiendo sus objetivos contra vientos y mareas, y naturalmente también aquellos que están en medio de la tormenta. Con confianza y empeño se consiguen los logros. Y si las condiciones de la vida me frenan demasiado, igual necesito bajar un poco el listón o aplazar temporalmente un objetivo. Agobiarse por algo inalcanzable (de momento) tampoco tiene sentido.

¡Las personas que se atreven y se lanzan a superar las adversidades son siempre unos valientes!

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